Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»


Mario Vargas Llosa, en «Elogio de la lectura y la ficción»:

«...leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida [...] debería ser mejor.»

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La creatividad surge de hallar –pensando diferente del resto– ideas absurdas, para así nuevamente pensarlas y darles coherencia.

Ahí la importancia de la Lógica: porque sólo con ella es posible tanto hallar los absurdos como obtener la coherencia.

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lunes, 23 de diciembre de 2013

LO QUE ES EN PRINCIPIO



Samuel Earnshaw: no puede tenerse
un equilibrio estable por sólo actuar
campos de fuerzas conservativas.


***


«No hay normas: todos los hombres
son excepciones a una regla que no existe».

Fernando Pessoa


Las palabras sirven para expresarnos, así como los signos de puntuación y cada trazo extraño con cierto significado. Las palabras bastan para decirlo todo, sea verdad o sea mentira, pero siempre con racionalidad inscrita.

Ser racional es saber decir «sí» o «no», pero ninguna de estas situaciones al mismo tiempo.

Lo demás es, en estricto sentido, todo lo demás. Puede tratarse de grandes generalidades, teorías unificadoras, o los datos de un pequeño experimento. Y no suele requerirse de enormes ciclotrones para poner a prueba lo aún invisible. Basta con un poco de poesía e imágenes mentales para derribar un paradigma.

Galileo no pudo tener como experiencia el ascenso hasta cielos, de la Voyager tan lejos, del Apolo hasta la Luna, sin embargo así Newton hubo creído que si una piedra, o un planeta, o el polvo simplemente, se encontraban en ausencia de otro polvo, de otra estrella, es decir, de cualesquiera cuerpos, habrían de mantenerse inalterables.

¿Por qué no creer que los entes solitarios se ven inalterados si no encuentran aquello que es la causa de sus cambios?

Y del mismo modo en que él creyó lo imposible, un Universo de nada, la soledad en el pleno vacío, otra imagen sutilmente distinta hizo surgir la idea a continuación: si en el Universo hay una piedra y un polvo, un planeta y su estrella, o un par de dados sueltos, uno altera al otro y viceversa. Estos objetos, sin embargo, se encuentran solitarios y jamás son alterados más de lo que pueden hacerlo entre sí. Saber decir «sí es una pluma» y «no es una moneda, pero sí una estrella», permite expresar esta idea.

Ser racional nos lleva a abarcar lo incomprensible.

Con un poco de imágenes y poesía, sobre todo de la realidad, se puede concluir lo que sucede en casos extremos. Un fotón, alguna «cosa» fundamental para hacer luz, manipulado para atravesar una máquina diciéndonos «sí hay un fotón» o «no hay un fotón», puede aparecer desde siempre y para siempre, como si de algo increíble se tratara, encerrado en dicha máquina a la cual nunca ha ingresado y de la cual jamás habrá salido. No es difícil entenderlo, no es para romperse la cabeza: ya lo escribiría Pessoa:

«La luz del sol no sabe lo que hace
y por eso no yerra y es común y buena.»

«Sí es fotón» y, por lo tanto (siendo que la palabra «fotón» es para tanto, y de tanto es un misterio) hay luz. Se ha deducido lo obvio con lo complejo. No.

Para ello existen reglas y así las demostraciones.

Sigamos, quienes quieran, las máquinas sin voluntad o los hombres esclavos de su incapacidad sartriana de decisión, las reglas del pensamiento, sugeridas por George Boole, aplicadas en el futuro, las que instintivamente comprendemos y en los ordenadores programamos, y lleguemos con imágenes reales y palabras de poesía a describir lo inexorable de la vida. Quizá no todo sea demostrable, pero no por ello se ha de claudicar en el intento de aprender algo cierto sobre los hechos.

Si una frase se da por cierta, porque al parecer así es creíble, entonces es un axioma y, además, es un principio.

En principio, todo lo que existe es explicable.
En principio, todo, absolutamente todo, surgió desde el comienzo.

Los físicos no cesan de intentar describir lo que hubo antes de todo lo incluido en la palabra «ello». Pero todo hubo surgido desde el comienzo y no antes, incluida la lógica, el espacio y el tiempo, asimismo los detectores (cada cuerpo en el Universo es un detector):

¿Por qué esperar que algo hubiese bajo el régimen de lo ausente, donde nunca ha ocurrido algo parecido a lo que «nunca» significa?

Quizá la levedad del ser de Kundera yazca cerca de lo perdurable y sólo por ello existamos. Quizá esa misma levedad yazca tan fuera de estos mundos en los que habitamos y sentimos, tanto o menos que imprescindibles nosotros, y sólo por ello también existamos. Reconocer lo que hay por fuera, al exterior del Universo, quizá mejor nombrado Naturaleza, que contiene incluso todos los Multiversos, podría tenernos sin cuidado. Yanchilin dice que muy afuera ni siquiera hay afuera, que sólo hay «caos», o en términos prácticos de la racionalidad, no hay nada de lo que es «todo»: es simplemente esto:









***

Como se refiere a la realidad de un silencio incomputable, incalculable e ilegible, menos aún demostrable por carecerse de raciocinio, pero que no interfiere en lo que adentro, aquí, suceda, sabemos que hay algo jamás teorizable en su naturaleza existente por ser algo diametralmente inescrutable. No como el fotón hecho partícula, tan sugerido y encontrado en el ochenta y siete por Grangier, Roger y Aspect al lograr no volver a mezclar, remezclar y dejar hechas partículas las fracciones de lo que vemos.

Teorizable con teoremas, teorizable con leyes. Las palabras no sirven para hallar lo que en principio es incomprensible.

Es incomprensible que donde no pueda haber palabras, donde no hay nada, puedan existir explicaciones con poemas e imágenes de una realidad que tampoco existe. Teoremas prediciendo en teorías, si es que existen, bosones, antipartículas, muones o la simple caída libre de pelotas en el campo. O también que hay un campo de velocidad irreductible.

Teoremas anunciando, si es que no existen, mediciones imposibles aquí, donde todo existe: que mil y un eventos universales y entrópicos no puedan ocurrir con un curso reversible. O que en este Universo de Earnshaw (porque el hombre aquí razonó) la existencia misma no contempla solamente a la energía potencial.

¡Cómo es que no existe poesía al definir los potenciales!:

«Aquello necesario y suficiente para llevar a un objeto desde la soledad del Universo hasta cualesquiera confines con una velocidad tan ínfima como imposible».

Mover siquiera un centímetro, siquiera un simple grano de lo ínfimo imposible, es gracias a Einstein «algo» que ocurre, que sucede. El evento A respecto al evento B. El gemelo A más gordo y viejo que el B. Conocer los axiomas de Newton y las leyes del movimiento más incompatibles que aparecen implica encontrarnos en nuestra época de desconocimiento. Nada menos incompatible que el experimento de Rosen y Podolsky con la imaginación de un genio perturbado porque no tenemos destino.

Las leyes de la Naturaleza no forman códigos ni constituciones, pero llevan en el fondo la rectitud que nos domina. Así puede que el determinismo cobre cierto sentido y valor. Tan arbitrarias son las leyes, que sólo dependen de precarios experimentos. Ley de Gauss: la jaula de Faraday, o una lata de aluminio cargada por un garbanzo que por dentro la ha inducido. Ley de Faraday: una barra de magneto atravesando un alambre redondeado, o el enorme ciclotrón donde cuatro detectores han encontrado la masa de lo que somos.

¿Y qué somos?

Ricardo Reis tal vez tiene la respuesta: las rosas de los jardines de Adonis, con noche antes y después de lo poco que duramos. No olvidemos que hubo quizá un comienzo. No olvidemos entonces el comienzo que tenemos: las palabras sirven para expresarnos, nuestros principios y leyes, teoremas y corolarios, con sus signos de puntuación y cada trazo extraño u operador hamiltoniano con cierto significado.

23 de Diciembre de 2013


[Esta entrada participa en la VIII Edición del Carnaval de Humanidades alojado por @MartaMachoS en el blog ZTFNews.org
]
 

4 comentarios:

  1. A veces siento cierta nostalgia de la ciencia antes de 1900. Antes de que Planck soñara, a su pesar, con el cuanto, sabíamos lo que era ser racional: 'es saber decir "sí" o "no" pero ninguna de estas situaciones al mismo tiempo'.
    Ahora, en el mundo de lo ínfimo, debemos aceptar como posible "sí", "no", "ambos" o "ninguno". El observador y lo observado en una permanente danza de interacción y descubrimiento que necesitamos expresar.
    Magnífico y profundo post.

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    1. El error ha sido siempre asegurar el «sí» o el «no». En Ciencia, en principio, se cree en que alguna verdad existe. La evidencia nos permite aprehenderla en la medida de lo posible y las teorías también. Pero hay verdades que no pueden ser aprehendidas, independientemente de las teorías con que se trate. Ahora se puede admirar a la teoría cuántica porque en ella deduce, extrañamente, cómo es aquello cuya verdad no es aprehensible. Y es, precisamente, lo que he tratado de decir.

      Gracias por el comentario. Saludos. \o :D

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  2. ¡Por fin llego a leerte! Me ha gustado mucho, y quiero re-leerlo fijándome en los detalles (saboreándolos) pero me parece una excelente síntesis de pensamiento científico conjugado con un sentimiento poético admirable: me repito, ME HA GUSTADO MUCHO

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    1. Si tiene poesía es porque suena a Szymborska, sólo usando las palabras en su justa medida. Que es, al fin y al cabo, lo que quise decir: las palabras sirven para explicarlo todo, pues todo existe.

      Gracias por tu comentario. :D

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